GENIE: LA NIÑA SALVAJE. EL EXPERIMENTO PROHIBIDO

GENIE: LA NIÑA SALVAJE.  EL EXPERIMENTO PROHIBIDO

Los casos de niños salvajes o que han vivido confinados siempre han provocado una enorme fascinación social. Los historiales o testimonios de casos que precedieron al de Genie han sido muchos y de muy diferente índole. Científicamente, todavía no hay acuerdo en cuanto a la polémica naturaleza-cultura; inclusive, en el caso de «el niño salvaje de Aveyron» -el mejor documentado-, se discute sobre si los métodos de aprendizaje empleados fueron los adecuados, dadas las especiales características de Víctor (Itard, 1982; Lañe, 1984). En 1970, y con todos los avances científicos de nuestra época, Genie, una adolescente salvaje, debido a un confinamiento de más de once años, salía de su de privación. El caso Genie adquirió gran notoriedad debido a dos hechos: uno, científico, y el otro un acontecimiento social. Científicamente, Genie permitía investigar el debate herencia-ambiente: si una buena educación y tratamiento permitía compensar una infancia tan terrible y si hay unos periodos críticos para las emociones y el aprendizaje, en concreto, el establecimiento de los vínculos afectivos o conductas de apego y la adquisición del lenguaje. Debido a ello, el caso Genie se conoce como el «experimento prohibido», ya que ningún ser humano puede ser sometido a tal grado de confinamiento con la finalidad de investigar. En cuanto a acontecimiento social, a las pocas semanas de ser descubierta Genie, se estrenaba en Hollywood «El pequeño salvaje», de J.F. Truffaut. Los estudiosos de Genie hicieron un estudio sobre la película que documentaba un caso similar, la historia se repetía.

HISTORIA SOCIAL: El 4 de noviembre de 1970 unos asistentes sociales de Los Ángeles (California) descubren un extraño caso de una niña de tan sólo trece años que había estado prácticamente toda su vida aislada del mundo. En una primera evaluación de su estado, presenta los siguientes síntomas: subdesarrollo en todas las áreas, ausencia de lenguaje, malnutrición, evidentes síntomas de maltrato y abandono. Para entender este caso, primero debemos describir y evaluar el entorno familiar de Genie. Su madre, al casarse, dice «mi vida ha muerto». Su marido trató de matarla. Al padre de Genie no le gustaban los niños. Tras cinco años de matrimonio, su madre quedó embarazada y el padre intentó estrangularla. Nació el bebé y el padre la encerró en el garaje para no sentirle llorar. A los dos meses y medio el bebé moriría de neumonía. Al siguiente año, nacería otro niño, que murió tan sólo dos días después. Se alegó que tragó sus propias mucosidades. Tres años después, otro hijo nació también con los mismos problemas sanguíneos que el bebé anterior: un RH incompatible que, en este caso, se mantuvo en un aparente buen estado de salud con el paso de los días. Más adelante, el niño comenzó a manifestar problemas para aprender a andar, hablar o incluso ir al baño. La abuela paterna se lo llevó a su casa para criarlo, para volver más adelante con sus padres.

Tres años después, en abril de 1957, Genie (cuarto hijo) nacería con un RH incompatible y con la necesidad de una transfusión un día después de nacer. A los tres meses, el pediatra le diagnosticaba una dislocación congénita de la cadera y necesitaría de una prótesis para sostener ambas piernas. Necesitaba, por tanto, fisioterapia, pero el padre se negó a ello e incluso a que su madre la atendiese. A los once meses tan sólo pesaba 17 libras. A los catorce meses, con fuertes fiebres, le fue diagnosticada una neumonía. Todos estos problemas tuvieron nefastas consecuencias para Genie, ya que, antes de los veinte meses de edad, quedó encerrada en una pequeña habitación, atada de día a una silla y en una cuna cerrada con rejilla metálica de noche. Desde la habitación no podía ver la calle, ni tampoco ningún elemento interior, ya que estaba vacía; tan sólo sus ataduras y su cuerpo serían su fuente primaria de visión y tacto. Viviría en esta situación hasta los 13 años y siete meses. El padre no permitía pasar al cuarto, controlando que nadie en la casa hiciese ruido o entablarse una conversación para que Genie no oyese nada. Genie se encargaría de llamar la atención por medio de ruidos que el padre paraba dando fuertes golpes contra la pared de la habitación e, incluso, llegó a imitar a un «perro salvaje», ladrando, sacando dientes y arañando para asustarla, pegándole después. Al principio, la madre intentaba pasar un rato con Genie cada día, pero fue perdiendo progresivamente la vista, siéndole difícil darle algún cuidado. Su hermano, entonces, sería su principal cuidador, pero el padre se lo prohibiría, obligándole a asustarla actuando, también, como un perro salvaje. Su dieta era estricta. De ello se encargaba el padre. Tan sólo tomaba comida de bebé, se atragantaba y escupía la comida y su padre se la restregaba por la cara.

Cuando tenía doce años, la madre buscaría la ayuda de sus padres. Consiguieron escapar y se quedaron allí. A la tercera semana, la madre de Genie iría a la oficina de bienestar. El trabajador social que les atendió llamó rápidamente a su jefe. Se entrevistó a la madre, y lo que vieron y oyeron hizo que llamasen a la policía, tomando a Genie bajo su custodia. Ese día, el padre se suicidó. Dejaría una nota diciendo que «el mundo nunca lo entendería». Genie sería admitida en el hospital por su extrema malnutrición. Genie daba pena. Como casi nunca había llevado ropa, no reaccionaba a la temperatura, fuese frío o calor. Nunca había comido nada sólido, por lo que no sabía masticar y le costaba mucho tragar. Por haber estado tanto tiempo atada a la «silla-orinal», Genie no tenía fuerza en las piernas, por lo que no podía correr, subir escaleras, agacharse…, de hecho, sólo podía andar y con mucha dificultad. Como nunca había mirado a una distancia mayor de tres metros, tenía gran dificultad para enfocar a mayores distancias. Como le pegaban por hacer ruido, había aprendido a suprimir cualquier tipo de vocalización. Sufría malnutrición, pesaba sólo 59 libras y medía sólo 54 pulgadas. Padecía enuresis y encopresis, tenía el pelo descuidado y estropeado, salivaba copiosamente y escupía sobre cualquier cosa que tuviese a mano. Carecía de socialización alguna, era primitiva y casi inhumana. Genie utilizaba su cuerpo y objetos para hacer ruido y ayudarse a expresar su frenesí: arañaba el suelo con una silla, sus dedos rascaban los globos, volcaba los muebles, lanzaba objetos y los golpeaba, arrastraba los pies. Genie se vio enfrentada a la tarea de aprender a hablar. Aunque fuesen verdad las declaraciones de su madre de que había aprendido vocabulario siendo un bebé, era evidente que su entorno no le proporcionó suficientes signos lingüísticos. Sin embargo, era necesario determinar si su cerebro estaba dañado y tenía el necesario desarrollo cognitivo como para adquirir el lenguaje.

Dada su dificultad para hablar, al principio de su aprendizaje, usaba más a menudo expresiones faciales o corporales para comunicarse, inventando su propio repertorio de vocabulario gestual. En octubre de 1971, se evidenciaba que Genie empezaba a ser receptiva a las diversas situaciones lingüísticas de su entorno. En enero de 1972, Genie comenzó a utilizar el lenguaje por primera vez para referirse a un acontecimiento pasado. No obstante, no lograba vocalizar correctamente por haber estado tantos años reprimida de hacerlo. Genie progresaba física y mentalmente, sin embargo, su dominio del lenguaje nunca progresó más allá del de un niño de tres o cuatro años.

El trabajador social del hospital realizó entrevistas a la madre de Genie acerca de la vida de ésta antes de ser descubierta. Los informes de las entrevistas no eran fiables, ya que descubrimos que la madre a menudo contestaba en función de lo que ella pensaba que el entrevistador quería oír. Además, se contradecía a menudo de una entrevista para otra. Sólo a través de la observación del comportamiento de Genie pudimos descubrir algunos detalles de su terrible pasado.

El caso de Genie tiene una implicación directa con la hipótesis de la existencia de un «periodo crítico» para la adquisición del lenguaje. El «periodo crítico» para el desarrollo del lenguaje humano que va desde los dos años hasta la pubertad. Este periodo crítico necesita dos condiciones: tener un cerebro humano (lo que implica socialización, comunicación y afectividad desde el nacimiento) y una estimulación lingüística.

Como resumen de su historial en el Hospital, podemos decir que el equipo de investigación no consiguió definir una línea de investigación coherente para Genie, primando a Genie como objeto de investigación y no como ser humano (de hecho, algunos investigadores la adoptaron con fines partidistas). El caso acabó siendo denunciado, a través de la madre, las subvenciones a la investigación retiradas y todos los principales investigadores encausados. Tras abandonar el hospital, Genie tuvo al menos seis hogares adoptivos, en algunos de ellos con maltrato. Maltratada por vomitar se desarrolló en ella el único lenguaje que conocía, el silencio.

Debido a una orden judicial, que protege su intimidad, se sabe poco de Genie en la actualidad. Sí ha llegado a conocerse que se encuentra en una institución de California llamada San Gabriel/Pomona Valleys Foundation, que se dedica al cuidado de adultos con retraso mental, autismo, parálisis cerebral o epilepsia.

PREGUNTAS SOBRE EL CASO GENIE

1.  Descripción de Genie en los siguientes aspectos: características físicas, características psicológicas, uso y desarrollo del lenguaje, desarrollo de los sentidos y relaciones sociales.

2.  ¿Crees que existe una «edad crítica» para adquirir el lenguaje y una vez pasada esa edad ya no es posible su aprendizaje?

3. Todo ser humano necesita establecer «lazos sociales·». Enumera y explica qué condiciones son necesarias para que se de el proceso de socialización.

4.   Expón y analiza los problemas éticos más importantes que plantea el caso de Genie.

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