La alumna Marcela Cuevas obtiene el primer premio del Certamen literario escolar andaluz “Solidaridad en letras”

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La alumna Marcela Cuevas de 2º ESO A, ha sido la ganadora con el primer premio de la categoría B (1º y 2º de ESO) del Certamen literario escolar andaluz “Solidaridad en letras” que organiza la Junta de Andalucía y del que podemos consultar sus bases aquí.

El premio consiste en una tableta electrónica que seguro disfrutará y nos enseñará a todos, y su relato, Gafas de solidaridad, es el que os pongo a continuación.

Enhorabuena!!

GAFAS DE SOLIDARIDAD

por MARCELA CUEVAS

Hoy nuestra tutora nos ha hablado de un concurso de relatos sobre las personas voluntarias. Aunque he oído hablar de ellas, no sé muy bien quiénes son y qué hacen.

Cuando he llegado a casa le he preguntado a mi madre. Ella me ha dicho que las personas voluntarias tienen un gran corazón, que es eso lo que las diferencian de otras: un gran corazón lleno de amor hacia los demás, los animales o la naturaleza; un gran corazón para hacer el bien, sin recibir a cambio ningún pago en dinero.

Además me ha dicho que son personas corrientes, que no se distinguen de otras por nada en especial ni llevan escrito en la frente las palabras” soy voluntario”.

Entonces me han entrado ganas de conocer a personas así, pero es difícil porque tendría que ir preguntando a todo el mundo ¿eres voluntario?

Pensando en cómo hacerlo, he fabricado unas gafas especiales: sus cristales tienen forma de corazón y son rojos. Cuando me las pongo, funcionan como los rayos x, pero en vez de ver los huesos rotos, veo el corazón de las personas. Las probé y comprobé que funcionaban porque el corazoncito de mi perrito Pinki, se hizo grande con la alegría de verme cuando me acerqué a él.

Me las puse el fin de semana y salí a dar un paseo. Estaba nerviosa. ¿Funcionarían con las personas?

Me crucé con algunas: esa no, ese no, aquel tampoco. Sus corazones son de tamaño normal.

Pero de pronto ¡sí! ¡Un corazón grande y generoso latía con una fuerza maravillosa? Y yo veía como su interior estaba lleno de imágenes de personas mayores que vivían en soledad y que sonreían y eran felices cuando aquel voluntario las visitaba, les hablaba, les leía un rato o las acompañaba a dar un paseo.

Después de éste, encontré en una chica otro corazón voluntario: este estaba lleno de saltos y ladridos de perros, de caricias en las piernas de gatos abandonados. Esa chica hacia su trabajo voluntario con los animales.

Al final del paseo, vi un gran corazón lleno de paisajes sucios, de bosques quemados. Comprendí que esa persona era voluntaria de la naturaleza, que recogía lo que los demás abandonan o limpiaba los montes destrozados por los incendios.

Como la experiencia me gustó, de vez en cuando sigo paseando con mis gafas y me doy cuenta de que hay muchísimas personas voluntarias que se dedican a todo lo que te puedas imaginar: se visten de payaso para hacer reír a los niños tristes, se ponen la bata de médico para curar a los enfermos, sacan de los escombros a las víctimas de los terremotos, luchan  porque no mueran las ballenas, cuentan los pájaros, limpian las playas y los campos, recogen firmas para que no destrocen los hielos de los Polos, reparten comida a los que no tienen nada, dan café caliente y bocadillos a los mendigos, escuchan a los que tienen penas que contar…

Lo que más me ha llamado la atención de esto, es que esas personas son como tú o como yo, normales. Nada en ellas llama la atención, no son como los actores y actrices del cine o la televisión. No hace falta tener un cuerpo bonito, ni unos músculos de gimnasio. Cualquiera puede ser voluntario porque lo único que se necesita es querer serlo y tener un gran corazón para llenarlo de solidaridad.

Cuando sea mayor, ayudaré a las personas porque me gusta estar entre ellas y no me gusta verlas sufrir.

Quiero tener un corazón grande, generoso y solidario. Quiero ser VOLUNTARIA.

 

 

Marcela Cuevas Román 2º E.S.O. A

 

 

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