Narración de Virna Mª Márquez Chumillas de 4º ESO B

detective

He decidido hacer público este trabajo  que me entregó ayer la alumna Virna Mª Márquez Chumillas, de 4º de ESO B, debido a la calidad de la narración. Consiste en la continuación de un relato realista,  policíaco ,de Emilia Pardo Bazán, que los alumnos debían realizar con el fin de desarrollar su creatividad y de que ejercitaran la expresión escrita. La historia inicial trata de un joven, Alberto, que piensa que es el centro de atención de las mujeres. Un día recibe la carta de una mujer citándolo en un domicilio.Cuando acude, se encuentra a la mujer muerta en el suelo. Todas las pruebas llevan a pensar que él es el  asesino…  Entre las redacciones, de muy buena calidad la mayoría (todo hay que decirlo) , me encontré con esta maravilla.

” Alberto se convierte en detective privado e intenta aclarar los hechos, pero le es imposible hacerlo porque no hay ni rastro del asesino, no encuentra ninguna pista, ni nada que lo delate.Así sigue día tras día, investigando, sin parar, estaba decidido a resolver el caso.

Escudriñó la vida de la víctima por completo y pasó un mes, dos, y no encontró nada.Había revisado el piso entero sin éxito, no había dejado nada sin inspeccionar.

La angustia lo invadía un poco más cada día que pasaba sin ningún logro en la investigación. El asesino debía ser un experto totalmente, no había dejado rastro, huellas, ni siquiera testigos.

Puesto que no lograba resolver aquel misterioso caso por mucho que se esforzara, al cabo de seis meses, lo abandonó.

Aún así, no había otra cosa en su cabeza, el asesino le había robado sus pensamientos y no podía quitárselo de la cabeza. Dormía inquieto, no se concentraba en su trabajo y su conciencia no estaba tranquila pensando en que había abandonado sin responder a esa pregunta que su mente le hacía día y noche:”¿quién era el asesino y por qué precisamente lo habría acusado a él?

Estaba claro que las cartas las había enviado un asesino y no la mujer, porque estaba muerta, y la autopsia demostraba que no se había suicidado, había sido asesinada.

Alberto, por fin, lograba olvidarse del crimen, aunque seguía viviendo con miedo por la idea de que el asesino sabía la dirección de su domicilio y de que, tal vez. lo estaba acechando.

En efecto, cierto día, volvió a recibir una carta. Estaba escrita con la misma caligrafía que la otra, sin faltas, era de la misma persona que le envió las otras dos, sin duda, del asesino. Alberto se estremeció, un frío helado le recorrió el cuerpo de los pies a la cabeza, el miedo lo paralizaba y le impedía leer aquellas letras, pero su curiosidad no era débil y, finalmente, venció al miedo. La carta decía:

“Hola Alberto, espero que te gustase nuestra última cita, me gustaría que volviésemos a quedar, nacimos para estar juntos.”

Alberto no sabía qué pensar.El asesino ,al parecer, tenía interés por él. Al final de la carta estaba la dirección del lugar de la cita.Palideció aún más al verla, era la de su propia casa.

Vivía solo, pero tenía una gran amistad con su vecina, una mujer mayor y agradable con todo el mundo. El pobre hombre, acobardado, se lo contó todo. La buena mujer no sabía qué decirle, le aconsejó que cerrara toda la casa pero , finalmente, se apiadó de él y le ofreció su casa para que se quedara esa noche, aunque estaba muerta de miedo, nunca se negaba a hacer un favor a un amigo.

El citado aceptó y se sintió algo más seguro una vez en casa de ésta. Allí pasó toda la tarde charlando con ella y con su marido. Se creía ya fuera de peligro. Su vecina estaba preparando la cena y él, mientras, veía la televisión tranquilo.

Pasó mucho tiempo en silencio junto a la máquina hasta que sintió la necesidad de saber qué hora era, la mujer estaba tardando. Su reloj marcaba en ese momento la hora a la que el asesino lo citó y se alegró de no estar en su casa. Fue a buscar a la amable mujer a la cocina pero allí no había nadie.Revisó toda la casa y nada, no había rastro de vida humana.

De nuevo estaba atemorizado. No sabía qué hacer. Entonces, casi involuntariamente, miró por la ventana para divisar su casa y vio que tenía las luces encendidas, alguien había estado allí ya.

Salió lentamente, pensó en ver al asesino sin que se diera cuenta.Llegó a la ventana de su morada y , con los pelos erizados del terror, se asomó, no había nadie, así que miró por la de la cocina. Allí vio la misma terrorífica escena que descubrió en el piso de la anterior cita, su vecina estaba muerta, asesinada. Pensó que el culpable del crimen ya se había marchado, por lo que entró en su casa, esta vez no huiría, llamaría a la policía.

Con el teléfono en la mano, de pronto, se sobresaltó.Vio algo ante sí que le recordó al miedo personificado.Tenía delante a un tipo con la ropa ensangrentada y con un cuchillo en la mano izquierda. Pero no se percató de que aquel hombre no estaba delante de él hasta que vio el teléfono que sostenía en la mano derecha.El asesino no estaba delante de él, estaba dentro de un espejo y , por lo tanto, en el interior de su alma. Un espejo le había dado lo que necesitaba para resolver el caso.

Sus piernas le fallaron, sus rodillas se hincaron en el suelo permaneciendo su cuerpo erguido, y solo tuvo fuerzas para hacerse una pregunta:”¿por qué?”

Su reflejo le contestó que tenía que vengarse y que era una vergüenza. y recordó un sentimiento que estaba dedicado a las mujeres dentro de su mente: el odio.

Alberto vivió durante toda su niñez y adolescencia en un orfanato. Allí pasaba hambre y frío y, además, estaba sometido al dolor y al sufrimiento. Una empleada lo trataba con desprecio y lo  maltrataba en cada ocasión que se le presentaba.Ella creía que le estaba dando trato a una basura o a un perro inocente, pero no se daba cuenta de que estaba aportándole a una persona en desarrollo el ingrediente fundamental para crear a un asesino, la pura maldad. Alberto ya estaba loco cuando salió del orfanato, su cabeza se negaba a creer que su dura realidad era real. Y era malo,  el mal lo llevaba cogido de la mano. Empezó a matar a todas las mujeres, las odiaba, sin embargo, era un tipo sensible y aborrecía el mal, pero tenía sed de venganza.Todo su ser ardía en llamas, quería vengarse del mundo por haberlo tratado tan mal. Así fue cómo su personalidad se dobló, se fragmentó inevitablemente en dos pedazos: una parte de él sentía un intenso odio hacia todas las personas del género femenino, pero otra parte, una pequeña, sentía amor hacia ellas,sentía la necesidad de que lo amaran y, por eso, se imaginó que todas estaban locas por él.

Loco como estaba, dejó de diferenciar entre el bien y el mal y se guió por aquel sentimiento que más abundaba en su corazón, el odio, creyendo que era el mejor. Esta vez ya no “creía” que las mujeres se moría por él, “lo sabía”.

Alberto tenía un único defecto, pero era un defecto muy…marcado.”

2 comentarios

  1. wow,menuda redacción he pasado un ratito entretenido leyendola,que cuelguen más
    xD

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  2. Ángeles dice:

    Enhorabuena, Virna.

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